lunes, 23 de junio de 2008

El narrador. Walter Benjamin


“[…] una facultad que nos pareciera inalienable, (…) nos está siendo retirada: la facultad de intercambiar experiencias.”

“La experiencia que se transmite de boca en boca es la fuente de la que se han servido todos los narradores.”

“el rasgo característico de muchos narradores natos es una orientación hacia lo práctico.”

“en todos los casos, el que narra es un hombre que tiene consejos para el que escucha. (…) El consejo no es tanto la respuesta a una cuestión como una propuesta referida a la continuación de una historia en curso. Para procurárnoslo, sería ante todo necesario ser capaces de narrarla.”

“[…] casi nada de lo que acontece beneficia a la narración, y casi todo a la información.”

“la información cobra su recompensa exclusivamente en el instante en que es nueva.”

“la narración (…) es de por sí, la forma similarmente artesanal de la comunicación.”

“el recuerdo funda la cadena de la tradición que se retransmite de generación en generación.”

“de hecho el ´sentido de la vida` es el centro alrededor del cual se mueve la novela.”

“Por un lado `sentido de la vida`, por el otro `la moraleja de la historia`: esas soluciones indican la oposición entre novela y narración”

“[…] el narrador es admitido junto al maestro y al sabio. El narrador es el hombre que permite que las suaves llamas de su narración consuman por completo la mecha de su vida. El narrador es la figura en la que el justo se encuentra consigo mismo.”

Preparando el ensayo


Con el trabajo que realicé sobre la muestra fotográfica de Walsh, y una fotografía en particular de Hiroshima, intentaré ver, entender, qué nos dice una foto de una persona.
Qué nos cuenta, qué no nos cuenta, qué pasa con los objetos, de qué o de quién hablan.
¿Esto ha sido? como Barthes me previno.
"The answer my friend, is blowin' in the wind" (Bob Dylan)

Jaime Rest, "Estudio preliminar", en El cuento tradicional y moderno



Hasta el renacimiento el cuento tradicional tenía la característica de ser un relato breve: “[…] cuya brevedad permite leerla de un tirón, ininterrumpidamente.” Y respondía al modelo (que nos enseñaron en la primaria): “principio, medio, fin = introducción, nudo, desenlace”. El contenido variaba según el escritor, pero todos tenían el mismo fin: contar historias, contar anécdotas tradicionales. Mientras que el escritor moderno escribe bajo el lema (por lo menos ante las ventas) de escribir ficción, en cuanto lo que escribe es inventiva personal.
Con el cuento moderno, que deja atrás el folklore del tradicional, se valora más el discurso que la historia en sí misma. Y esto a raíz de un aporte psicológico que intenta descifrar el mundo del cuento, de lo ambiguo, de lo que no se dice. Del significado, y los significantes (nos diría Saussure).

Fotos, Rodolfo Walsh

Como el título lo indica son Fotos de distintas situaciones. Incluso flashes, muchos de los relatos parecen mostrar un instante. Instantes que van armando las historias.

En este cuento se construyen dos historias, la visible de Mauricio Irrigorri, y la de quien narra, Jacinto Tolosa. Y se construyen a partir de varios recursos: cartas, relatos, recortes, diálogos, y un uso importante de descripción.
Por un lado el “nene de buena familia” (Tolosa) y por el otro el rebelde (Mauricio); mientras que Mauricio no sabe muy bien qué quiere de su vida (¿la fotografía?) o hacia dónde va, la vida de Jacinto está bastante delineada: Buenos Aires, abogacía, latín.

Y se me presenta como una tercera, aunque quizá sea la segunda historia, que tiene que ver con la sociedad de ese momento, con la política, pero que no tiene principio ni fin, sólo aparece como comentarios, como una anécdota más. La familia de Tolosa, Perón.

Finalmente Mauricio se suicida. Y Jacinto: “Yo te dije adónde llevaba ese camino pero vos no quisiste hacerme caso. Creo que hice por vos todo lo que pude y que esta decisión que vos tomaste no es la maneja mejor de agradecerme. Pero vos sabrás por qué lo hiciste”.

miércoles, 18 de junio de 2008

Ricardo Piglia, "Tesis sobre el cuento" y "Nuevas tesis sobre el cuento", en: Formas breves

Ricardo Piglia “Tesis sobre el cuento” y “Nuevas tesis sobre el cuento”, en Formas breves

En “Tesis sobre el cuento”, el autor expone dos tesis fundamentales: la primera: “Un cuento siempre cuenta dos historias”; la segunda: “La historia es la clave de la forma del cuento y de sus variantes”.
Estas piezas son fundamentales para la creación del cuento, se pueden encontrar en distintos autores aunque de diferentes formas, algunos de los que nombra son: Jorge Luis Borges, Edgard Alan Poe y Franz Kafka.
La historia dos es un relato secreto que aparece en los intersticios de la historia uno.

En “Nuevas tesis sobre el cuento”, Ricardo Piglia expone varios conceptos sobre los finales de los cuentos, cómo se cierran las historias y cómo algunas poseen finales abiertos. En el caso anterior por tratarse de un final no significa que todo deba quedar cerrado, se pueden dejar posibilidades a la imaginación del lector.

En el cuento hay una historia dos oculta, algo secreto. El final es el momento de darle sentido a esta historia que se encontraba narrada entre intersticios de la historia uno. Para simplificar esta idea el autor dice: “Hay algo en el final que estaba en el origen y el arte de narrar consiste en postergarlo, mantenerlo en secreto y hacerlo ver cuando nadie lo espera”.


Tres citas

“[…] la intriga se plantea como una paradoja.” En esta frase Piglia se refiere a los finales inesperados, en esos cuentos que analiza donde después de un día “normal” común, feliz, alguien se suicida. Ese hecho aparece como una paradoja, como algo que se contradice con lo que se esperaba, con lo que se creía.

“Los puntos de cruce son el fundamento de la construcción.” Es una frase, una oración, una pequeña sutileza que permite el giro, que abre el panorama e instala un nuevo escenario, una “segunda” historia que sale a la luz, que se muestra a veces claramente, otras de maneras más implícitas. En los últimos años muchas películas best Sellers propusieron esto, que estaba instalado en la narración clásica. Por ejemplo: Sexto sentido, El gran truco, El ilusionista, etc. Esto de “El efecto se produce cuando el final de la historia secreta aparece en la superficie”. El objetivo, el fin es lograr ese asombro, esa sorpresa.

Y hay otras formas de lograr ese asombro. La teoría del iceberg de Hemingway: “lo más importante nunca se cuenta”. Por ejemplo, en una novela cuando se describe que el asesino es un hombre así y asá, pero nunca de dice que es “el marido” de la víctima. Hemingway logra muy bien esto de decir sin decir. Hace unos años leí “Colinas como elefantes blancos”, está construida en diálogos y con descripciones bien detalladas, del lugar de la escena, de los personajes, y de la situación que están atravesando (mediante los diálogos), pero jamás se dice “eso” que todos sabemos. Están por hacerse un aborto, pero sólo se entiende esto después de una segunda lectura, por lo menos yo necesité más de una.

Carver, "Escribir"

Mi tarjeta

“Sabía que ahí había un cuento y que había que contarlo.”

Un poco por mi deseo de escribir, otro poco por lo que en este taller afirmé, aprendí. Celia dice: “la escritura es un ejercicio de la mirada…” uno de los tantos ejercicios que se propone (la escritura).

Y esta frase de Carver viene a decirnos lo mismo. Ahí está, los estás viendo: ¡contalo, decilo, escribilo!

Siempre sospeché que por ahí venía la mano. Eso que vemos y que queremos contar.
A veces todo se reduce a una charla con amigos, en contarle a otros eso que vimos. Otras nos animamos a más y lo escribimos.

Pero el ojo del escritor, entiendo, según Carver, según Celia, no es el ojo que llevamos al oftalmólogo porque no vemos, el ojo del escritor es la mirada del escritor. Nadie mejor para contar una historia que alguien que tiene la mirada afilada. Que alguien que mira y ve.

Me parece muy rica esta idea. Abre las puertas a un mundo tan sutil que muchas veces se nos cuela por los dedos. A un mundo donde mirar ya no es lo que era.

Un día perfecto para el pez banana. Salinger/Russo

En el cuento se describen, en los primeros dos párrafos el perfil del personaje, se dan muchos datos de lo que sucede y cómo éste se comporta. En el diálogo telefónico posterior que tiene la muchacha con su madre se pueden ver algunos aspectos de la personalidad de cada uno de los protagonistas, tanto así como del padre que no participa de la conversación.
La narración se realiza en tres escenas: la charla telefónica en el hotel, la playa, el hotel, cada una con distintos ritmos, tiempos y sonidos.
La historia está construida en diálogos, que brindan información de la relación que tienen los personajes y de las características que los mismos poseen.
Es un cuento dinámico, hay acción, puede ser que sea cinematográfico la forma de narrarlo, no hay un monólogo interior, cuando no hay diálogo hay descripción de acción.
La historia uno es la situación de la pareja de vacaciones y el suicidio del personaje, la historia dos es lo que no vemos: por qué él se suicida puede ser la guerra pero finalmente el motivo no está. En la descripción de la imagen final hay una distancia entre los personajes cuando habla de las “camas gemelas”.

Este por qué, que en el cuento de Salinger queda “sin respuesta”, por lo menos sin respuesta directa, parece asomar en la nota de Sandra Russo, donde la metáfora parece descubrirse.
El pozo de bananas es el pozo de poder, los peces que comen y comen hasta morir, son personas, hombres y mujeres ambiciosas de poder, cada vez más:
“Ese pozo lleno de bananas puede representar muchas cosas, y ninguna de ellas es específica, pero a la sazón también indica un pozo lleno de poder. Y denuncia que hay una especie de hombres y mujeres que parecen hombres y mujeres comunes, pero que cuando se aproximan a un pozo lleno de poder no pueden frenar sus instintos, y lo comen, se lo comen, se atragantan, se atoran, se pelean entre sí, se vuelven locos, se nutren del poder, se enferman de poder.”

Y, todavía hoy, resulta actual este cuento escrito hace casi cincuenta años. Todavía hoy, el poder es un pozo en el que se cae y del cual es muy difícil salir con vida. No sólo en Estados Unidos.

lunes, 16 de junio de 2008

¡Viva la globalización!


Este verano me fui a Brasil, de vacaciones con algunas compañeras de trabajo.

Me predispuse de la mejor manera. Y aclaro esto porque no éramos amigas. Con lo cual el desafío era doble: tratar de llevarme como amiga con chicas que no lo eran, y disfrutar del viaje y el descanso. Viajamos, un viaje larguísimo. Llegamos, descansamos y el lunes comenzamos a recorrer, a conocer, a conocernos.
Esa misma noche salimos a un bar, algo así como un pub pero de playa. Eso está bueno, nada de producción, de “¿qué me pongo?” No, así “como estábamos”, un poquito de brillito labial, y a “romper la noche”.
Tomamos unas cervezas, charlamos con brasileros en idiomas inventados, mezcla de inglés, portugués y castellano. Creo que nos entendimos, eso sí, no me pregunten cómo se llamaban, porque no sé.
Sobre la barra había un hombre que llamó mi atención. Alto. Morocho. Bronceado. Ojos mestizos. Hermoso.
Estaba solo. Pensé en acercarme a hablar. Lo pensé, y lo deseché casi al mismo momento. Parece que por un momento me olvidé de que era tímida.
Les comenté a las chicas de lo lindo que me parecía “el hombre de la ba…” se había ido. No estaba. ¿Estaría en el baño? Ojalá, pensé.

Volvimos al departamento que habíamos alquilado. Los próximos tres días y tres noches fueron más o menos parecidos. Playa de día, pub de noche.

Volví a ver al hombre de la barra en la playa, a la pasada. Me quedé boquiabierta. No me animé a decir nada, casi me metí debajo de la arena. Una especie de quinceañera se había apoderado de mí y yo no me había hecho cargo. Ahí estaba, la mujer liberal, independiente. La trabajadora, la escritora que se lleva el mundo por delante, metiéndose debajo de la lonita por miedo a, ¿miedo a qué? No sé.

La anteúltima noche decidimos ir a un boliche, que ya no recuerdo el nombre, porque eso no fue lo importante. Esa noche sí hubo producción, producción a lo grande. Tacos, minifaldas, escotes, planchitas. Salimos hechas unas diosas comehombres.
Llegamos. Bebimos. Seguimos bebiendo. De lejos lo vi. Apoyado en la barra. Ahí estaba el hombre de la barra en la barra. De nuevo solo. De nuevo hermoso.
Se lo mostré a las chicas. Todas apreciaron la misma belleza que yo.
Catalina se acercó a él. Pensé: “estoy perdida”. Hablaron, bebieron una cerveza. De pronto Cata me llamó con la mano para que me acerque a ellos. Los saludé, de cerca era mucho más lindo. Era francés. Se llamaba Gerard. Yo, no hablo francés. Yo, no hablo inglés. Yo, apenas hablo más o menos el castellano. Catalina ofreció ser la interlocutora por un momento. Ahí me enteré que estaba de vacaciones solo. Que se iría de Brasil al día siguiente y continuaría conociendo el sur del continente.
Me invitó una cerveza. Catalina se fue. Quedamos él, yo, y entre nosotros una comunicación muy deductiva que rozaba la adivinanza. No me importaba mucho, yo estaba ahí con ese francés precioso tomando una cerveza. Qué importa si es antropólogo o asesino, pensé. Qué importa si tiene 30 ó 35. Probablemente nunca más lo vaya a ver, qué importa si es casado, gay, tiene 7 hijos o es un solterón insoportable. Yo quería mirarlo un poquito más. ¡Viva la globalización! pensé.
De pronto hizo un gesto con su mirada que entendí casi antes de que lo termine. No pensé en nada ni en nadie y salimos del boliche rumbo, creo, al hotel donde estaba parando. En mitad de camino me di cuenta de que estaba sola, en un país que no era el mío, caminando para el lado contrario de donde yo estaba parando, con un desconocido. Entré en pánico. Me paralicé. No tenía plata, llaves, celular, campera, nada, no tenía nada. Lo miré y creo que entendió lo que pasaba por mi mente. Me dio a entender que él me traería de regreso luego. ¿Luego de qué?
Paramos en una estación de servicios, él iba a comprar condones y le pedí que, por favor, se encargue de mis cigarros.
Llegamos a un hotel increíble. Algo así como un cinco estrellas. Y eso me tranquilizó. Un asesino o un violador no alquilan hoteles de estas características. La habitación era de novelas. Me sentí una reina, al lado de un francés que en ese momento era un rey.
Nos pusimos cómodos, encendió la música, se acercó y me besó. Me besó deseoso. Me besó hermoso. A los quince segundos estábamos en la cama revolcándonos como unos adolescentes. Tuvimos un buen sexo, demasiado bueno por haber sido el primero.
Nos quedamos tumbados en la cama unos cuantos minutos y justo cuando el sueño empezaba a vencerme le pedí que me llevara. Me explicó que estaba cansado, que llamaría a un taxi y él lo pagaría. No me sentí muy cómoda con la idea, pero no importaba demasiado.
Me vestí. Esos minutos parecieron eternos. Llamaron del lobby avisando que el taxi ya estaba en la puerta. Me acompañó. Me dio un billete, me besó y me dijo “keep the change”. Le dije adiós y me fui.
En el camino me di cuenta de que eran 100 euros lo que me había dado. Y me pareció demasiado, pero yo no sabía cuánto salía un taxi en Brasil. Las cosas que podría hacer con 100 euros en una zapatería, pensé. El taxi me salió 8 reales, algo así como 2 euros. Por suerte las chicas ya habían vuelto. Ellas pagaron el taxi.
Les conté lo del francés, y cuando llegué a “keep the change” largaron una carcajada que no entendí. Catalina, muy amablemente me explicó que significaba “quédate con el cambio”.
Sí, señoras, sí, señor, me pagaron como a una trabajadora de la noche. Ese hermoso francés me pagó por los servicios que le brindé.

Pensarán que después de esto volví a Argentina y me internaron con depresión por que un francés me trató de puta. No, nada de eso. A pesar de que en algún punto debe haber herido mi orgullo, yo me sentí espléndida. Pasé una noche de novelas, con un hombre hermoso que probablemente jamás vuelva a ver, en un lugar divino, y me quedé con 100 euros que, sí, los invertí en un local de zapatos.
No sé si lo dije antes, ¡viva la globalización!

Cruzar el puente


Era el año ´78, hacía ya un tiempo que nos estábamos viendo con Lucas. Él vivía en Carmen de Patagones y yo en Viedma. Con lo cual vernos era, por lo menos, trabajoso. Pero las ganas, pero querer a veces es suficiente… y así era. Eso sí, a escondidas. El único que sabía era el vecino de Lucas, que por las noches se encargaba de vigilar el puente viejo. Y claro que en esos años el puente nuevo no existía, no, ése se construyó después, con el gobierno de Alfonsín, que quería llevar la capital a Viedma.
Nos veíamos a la noche, siempre sobre el puente. Y ahí nos escondíamos y nos quedábamos varias horas. Lucas me leía, me contaba historias, cómo le gustaba hablar de la historia y la literatura. Así conocí a Nietzsche, a Cortazar, a Pessoa… así me contó de la magia del puente viejo.
Lucas me decía, que el puente viejo, tenía olor a silencios, a dolores, a años. Tenía pasos de ida y vuelta. Tenía la imagen de Borges, visitando el sur. El puente viejo, en verdad era mágico, fue testigo de encuentros y desencuentros. De tristezas, de suicidios, de llantos de bebés, de perros perdidos… y me contagió su amor, era verdad, sí, el puente viejo es mágico.
Entre tantas noches nuestra relación comenzó a profundizarse, a afianzarse. Yo estaba tan enamorada de él, que creo que él se dio cuenta, justo a tiempo. O, bueno, puede que él justo se haya enamorado de mí también, en ese preciso momento.
Éramos tan chicos, apenas 18 años teníamos. Y, esa época era muy particular, los milicos dando vueltas, teníamos que tener mucho cuidado. Pero en sus brazos, no sentía miedo, estaba a salvo, me sentía segura.
A esa edad, comencé a reconocer mi cuerpo, y para mi desdicha descubrí que no me sentía cómoda. No me gustaban mis tetas. No, no me gustaban, las veía tristes, flojitas, no sé, feas. Creo que hasta las odié. Y justo a esa edad, cuando el fuego quema por dentro, sentía que estaba perdida, que no iba a poder desnudarme jamás frente a Lucas, me daba vergüenza.
Nuestras noches empezaron a ser más largas, más profundas, más húmedas. Ah, y en esa época no existía el push-up!, no, nada de magia, lo que había había.
Una noche, cuando las caricias eran irrefrenables decidí enfrentar la situación, y le conté a Lucas mi problema. Sí, lo de mis tetas. Le dije que no me quitaría el corpiño, y que él debía entenderme sin hacer un interrogatorio al respecto. Tema cerrado, así me protegía, ese era mi escudo, esa era mi orilla, mi límite, y por nada él podría llegar.
Comenzamos a amarnos cada noche en el puente viejo. Cada noche era un concierto, un descubrimiento, un encuentro lindo, placentero.
Cuando la relación se puso más seria, el corpiño se transformó en un problema para Lucas. Se enojaba, no me entendía. Y recibí el gesto de amor más grande en años…
Lucas me esperó, como cada noche, en la mitad del puente. Nos quedamos ahí varios minutos en silencio contemplando la luna, la silueta de dos ciudades delineadas por las luces que en la inmensidad de la oscuridad parecen países enormes. Después, me tomó la mano y caminamos hacia nuestro lugar, nuestra guarida. Llegamos, me pidió que cierre los ojos, y comenzó la función… me besó, me besó toda la cara, después de deslizó por el cuello, y yo con la respiración nerviosa. Volvió a mis hombros y besó cada vértebra de mi columna, de norte a sur. Subió y se quedó justo a media espalda, donde el broche del corpiño irrumpía su suave deslizar, y ahí, sin más, con sus dientes logró zafar el broche. Se movió, lentamente hacia mis tetas y las besó, una y otra vez, las acarició, las humedeció, se alejaba y volvía, otra vez y otra más. Todavía me parece sentir el calor de su respiración en mi pecho. Suave, pausada, intensa… se ayudó con las manos para sacarlo por completo y me pidió, casi inaudible, que abra los ojos. Me miró con el corpiño en su mano izquierda y, sin dudar, lo lanzó al medio del río…
Me sentí desnuda, desprotegida, chiquita…
Lucas, no dejó de mirarme un solo instante y balbuceó: me gustás, así, como sos… no te escondas, no te tapes, desnuda sos hermosa…tu corpiño es la razón que le faltó a Goya para pintarte… tranquila… todo está bien…
Y me perdí, me dejé llevar por sus palabras, por su inmensidad que me hacía grande, que me hacía mujer…
Esa noche, y con el puente viejo como único testigo de la magia que nos envolvía, entendí que descubrir no es aceptar, y que para aceptar, a veces, es necesario cruzar el puente…

martes, 20 de mayo de 2008

Opinión de J. P. Feinmann (el bueno)

Hace unos días, José Pablo Feinmann, licenciado en filosofía, ensayista, periodista, novelista, guionista de cine, conocido por sus contratapas en Página/12. De formación hegeliano-marxista, es también filoperonista. Considera a Sartre un modelo intelectual, dijo:
"Yo detesto el bloc (sic), estoy en contra del bloc. En la Argentina no hay pelotudo que no tenga un bloc, y ponelo en negrita. Osea que no entro a un bloc así nomás. La mayoría de los que escriben blocs un buen jefe de redacción le daría una patada en el culo y los echaría por la pésima prosa que tienen. No Flaco... hay que saber escribir, o si no, no agredas con tu mala prosa... Ese democratismo me parece agraviante con el lector".
Les dejo el link, para que vean la nota completa:
y de paso, a la Feria también...

Reflexión: crónica

“Si alguien quiere leer este libro como una simple novela policial es cosa suya”. ¿Quién mató a Rosendo?, Rodolfo Walsh, prefacio.


En el prólogo de La Argentina Cónica, Martín Caparrós, reflexiona: “[…] la crónica –muy en particular– es un intento siempre fracasado de atrapar el tiempo en que uno vive”.

Sabemos que crónica viene de tiempo, de contar cronológicamente un hecho, un suceso. Pero no existen recetas para hacerlo correctamente: “coloque en un papel las fechas registradas, si es posible con horarios, luego mezcle con una cantidad necesaria de voces, testimonios, lleve al horno, perdón, a la impresora y usted tendrá en sus manos una excelente cronología: o crónica.” No, nada de eso. Eso que en otros estilos sí existe, una manera de contar. Sobre todo en el periodismo, como por ejemplo, el modelo norteamericano de construir “correctamente” una noticia: las 5 W, la teoría de las cinco W se basa en cinco preguntas a las que cualquier información, especialmente la de carácter noticioso, debe responder para que sea completa y para que cumpla cabalmente con su primer y más grande fin: lograr que las personas se enteren, de la manera más clara y completa, de lo que está sucediendo.
Estas preguntas son: dónde, cuándo, cómo, quién y por qué (where, when, how, who y why; cinco expresiones inglesas que le dan nombre a esta teoría).

En la crónica sólo se trata de relatar lo más fehacientemente posible un acontecimiento. Esteban Schmidt, define a la crónica periodística como: “ir, mirar, volver y contar. Ir con algo de ganas, mirar sin prejuicio, volver cuando uno siente que ya es suficiente y luego contar esa historia como si fuera la única versión del mundo antes del final de todo”. Pero hacer esto lleva tiempo y plata, y eso en la Argentina está devaluado. El mismo Schmidt, dice “ninguna empresa, ninguna cooperativa u ONG, para el tiempo que lleva hacer las cosas bien”

Amar Sánchez, esboza una reflexión acerca de la tensión entre lo real y lo ficticio. Que es lo mismo que la dicotomía entre la ficción y la no ficción. En ambos casos, se trata de una construcción discursiva, a través de relatos, datos, información, interpretaciones. Esta es la síntesis de la crónica. Porque, una vez más, se trata siempre de contar historias, ¿no?
Martín Sivak, a modo de respuesta, “[…] no tengo de la cónica una definición distinta de la de un reportaje: contar una historia”.

La frase de Walsh, se me presenta como un posible resumen de la crónica. Ya que ella puede ser un hecho periodístico, una denuncia o sólo un relato, será cuestión de lo que cada lector quiera o pretenda encontrar.

Cronista crónico

“Nuestras clases dominantes han procurado que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”.
Rodolfo Walsh






Entré a la Universidad de Quilmes, como lo hago cada día. El sol estaba hermoso, pintando de verde amarillo cada porción de césped que se posa a los costados del camino que te llevan al ágora. Alumnos comiendo, fumando, charlando. Profesores yendo y viniendo.
En la entrada: Rodolfo Walsh. Rodolfo fotografiado, Rodolfo escrito, pintado, enorme, colgado, apoyado. Mirando allá, o más allá. Rodolfo escritor, militante, periodista, persona.

La muestra “La sublevación de la palabra”, que comenzó el 25 de abril y permanecerá en la Universidad hasta el 9 de mayo, pertenece a la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata y al Archivo Histórico del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, fue expuesta en numerosos países y congresos de Comunicación.

En la Universidad de Quilmes, se organizó desde adelante hacia atrás, en gigantografías tipo “biombos” que mostraban de derecho y de revés: fotos, textos, historias, pedazos de reportajes, de escritos inéditos.
Sobre el costado derecho una enorme puesta de “Operación Masacre” la historieta, y delante de esto unos vitrales que contenían objetos de Walsh, como sus anteojos. Sobre el pasillo izquierdo “Escrito sobre” y “Rodolfo escribió esto en mí”, por Juan Gelman. De lo que se escribió sobre él, se expuso a Ricardo Piglia, Mario Benedetti quien entre otras cosas que publicó en Revista Casa de las Américas, La Habana en 1980, escribió: “[…] tuvo una enojosa obsesión por la verdad/ cómo no iban a odiarlo si sabían que sabía… Rodolfo convirtió la realidad en su obra maestra… y bregó hasta que le secuestraron la noticia… cómo no iban a odiarlo si era justo/ y no tenía vergüenza de saberlo”.

Rodolfo Walsh nació en Lamarque, provincia de Río Negro el 9 de enero de 1927. En muchas biografías se dice que nació en Choele Choel, creo que ese error se debe a que Lamarque es un pueblo muy pequeño fundado en 1900 pero reconocido en 1947, cuando Walsh ya tenía 20 años. Gabriel Martin escribió: “Rodolfo Walsh es un desaparecido que nació en ninguna parte y murió en ningún lugar, como si no hubiese existido”.

“El militante estuvo, en cada momento, en la palabra sublevada. En la voz de los pupilos del internado Irlandés que sueñan con un oscuro día de justicia, en la de los fusilados de José León Suárez, en la naciente revolución de Cuba y otra vez en los muertos”.
Walsh se caracterizó, por contar la verdad. Publicó: Diez cuentos policiales, Antología del cuento extraño, Variaciones en rojo, Los oficios terrestres, ¿Quién mató a Rosendo?, Caso Satanowsky, entre otros.
Su última palabra pública es “Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar”, escrita un día antes de su desaparición, 25 de marzo de 1977: “sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero el fiel compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”. Así termina su carta, después de que hayan matado a su hija. Así termina su vida como escritor, como militante, como persona. O, al menos, eso es lo que sabemos públicamente.

Hace dos años, cuando se cumpliría el 79º aniversario de su nacimiento, Página/12 publicó “Dos lectores”, una nota escrita por la mujer de Rodolfo: Lilia Ferreyra. Una contratapa con una carga emotiva bastante fuerte. Lilia se encuentra en España en 1982, con un sobreviviente de la ESMA que había visto acribillar a Walsh.
A través de los diálogos que se fragmentan hay una búsqueda permanente de la memoria. Hay preguntas que habían tenido respuestas. Y la autora dobla la apuesta y se mete en detalles de su memoria más reciente para llegar a la de su compañero de diálogos: Martín.
Recorren desde el cuerpo de Walsh hasta su último cuento que estaba terminando. Dejando la sospecha o la posibilidad de que, probablemente, no hayan sido sólo ellos dos quienes lo hayan leído, ya que aquel cuento rondaba por la ESMA.
Descriptiva, detallistas, emotiva. Esta nota, me deja la sensación que la mujer de Walsh busca no olvidar, no borrar y saber más. Encontrar algunas respuestas en una fecha además especial, el día que su esposo cumpliría 79 años.

“Qué cagada que Walsh se nos murió. No respetó la voz de alto y le tuvimos que tirar”. Juan Carlos Coronel, represor.
“Lo bajamos a Walsh en una cita en la calle. El hijo de puta se parapetó detrás de un árbol y se defendía con una 22. Lo cagamos a tiros y no se caía el hijo de puta”. Ernesto Weber, represor.
Lo que no sabían los que sí sabían matar, era que matar a un hombre, no es matar su ideología. Matar a un hombre, no es matar su palabra. Matar a un hombre, no es matar su lucha. Matar a un hombre, no es callar su voz. Matar a un hombre, ni siquiera, habla de la muerte en sí misma, sino de un cuerpo que ya no está. Pero está claro que esa no fue la lucha de Walsh, que esa no fue su vida, ni su historia.
Rodolfo quiso denunciar, alertar, contar lo que sabía, lo que veía. Quiso un pueblo más justo. Quiso menos muertes. Quiso “dar testimonio en tiempo difíciles”.
Y esta muestra, deja la huella a quienes la visitan, de un hombre valiente, de un periodista comprometido, de un militante sin descanso, de un escritor pionero y rico en recursos.
Esta muestra sigue su curso por otras instituciones donde visitar a Walsh, mantiene viva la memoria.

Material utilizado

Walsh, R. (2004) Operación Masacre.
http://www.prensamercosur.com.ar/apm/nota_completa.php?idnota=1055
http://www.rodolfowalsh.org/spip.php?article2907
Fotos: Ana Elbert

Humo en la ciudad de la furia

Hace unos días que se siente denso el ambiente. El ambiente en la calle, el ambiente en los medios de comunicación, y no hay certezas, sólo sospechas.
Se escucha, de lee: “señales de humo”, “ceguera blanca”, “días irritados”. Se habla de una quema masiva de pastizales.

Tengo que hacer cosas en Capital. Prendo la tele y escucho y veo que las rutas están cortadas, después de dos accidentes fatales. Claro, después de dos accidentes, después de cinco muertes. Parece que la historia es clara como el agua, siempre se necesitan muertes para actuar. Pero esto los medios de comunicación no lo dicen, o al menos yo no lo oigo.

Me subo al auto de ahí a la autopista Buenos Aires La Plata. No se ve más allá de cincuenta metros. Me asusta la idea de manejar así hasta llegar, pero no tengo manera de regresar, hasta dentro de unos kilómetros, que para el caso es lo mismo volver que seguir. Voy a 40km/h. Prendo la radio, Pergolini me acompaña mientras enciendo un cigarrillo. Maldita idea. Si el aire estaba denso para espirarlo, ni que hablar para fumarlo. Apagué el cigarrillo.

En la radio escuché que la gente usaba barbijos. Escuché a los productores rurales deshacerse de las responsabilidades de la quema masiva de pastizales. Escucho al gobierno diciendo que esta quema sirve para plantar más soja, ¿hacía falta tanto humo? se pregunta el titular de Página/12 y hago mía la intriga, de verdad ¿hacía falta? Los vientos no ayudan, la lluvia no viene. El nivel de monóxido de carbono en el aires está “soportable” comenta un Ingeniero Agrónomo en Mañanas Informales, y ¿cuándo está insoportable?, me pregunto, porque la sensación de densidad en el aire ya es insoportable.

Entonces el gobierno vuelve a su lucha contra el campo, ya no sólo por las retenciones móviles o inmóviles, y los campesinos, productores rurales, o “malditos oligarcas” como le gusta llamarlos a D`Elía, se defienden, se desresponsabilizan. Y entonces nadie tiene la culpa, o la tenemos todos.

Llego a destino, Palermo. El señor que me ofrece cuidar el auto me dice “ya no se puede ni respirar”, con un gesto que invita a sumarse a su desgracia (nuestra). Lo miro, le sonrío. La verdad es que ni yo sé de qué lado estoy, con quién pelearme, a quién culpar. Porque hasta en esto que pareciera ser provocado por no sé quién, nos pide que nos pongamos de un lado o del otro. En esto que es gris, que está en el aire, que no le pertenece a nadie, también en esto debemos estar posicionados. Ese es el mensaje.

Se viene a mi mente Maquiavelo: divide y reinarás. Tengo mails que dicen que en realidad fue el gobierno el que mandó a incendiar los campos para “echar más leña al trigo”, y veo en los diarios que hay un fulano, con nombre y apellido, responsable de todo esto: pero está prófugo.

Yo pude hacer lo que tenía pensado en Capital, y vuelvo a 40km/h, a mi hogar, invadido por un olor asqueroso. Pienso en abrir para ventilar, y el olor se hace aún más insoportable.

¿Es necesario? De nuevo a mi mente, que resulta pequeña para semejante situación. El humo finalmente se fue, cedió. Todo se “controló” después de que Cristina Kirchner viajara hasta el lugar de los hechos.


Hoy es el humo, ayer las retenciones, mañana Clarín/gobierno. Todo lo indica, o estás de un lado o estás del otro. El humo me parece casi una metáfora para materializar la situación en la que estamos, en la que está el país. El humo se posa como una cortina que divide, que marca, que limita o delimita.

Y vos, ¿de qué lado estás?

Misiones según Rodolfo Walsh


Un día antes de su desaparición Rodolfo Walsh escribe una carta abierta a la junta militar, en 1977. Sobre el final de ésta dice: “... sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”. Compromiso que ha adquirido y respetado a lo largo de su trayectoria como periodista y escritor. Estas ansias de denunciar las atrocidades de un gobierno perverso y sistematizado. Denuncias que hoy llegan a través de un cuento, con la belleza de un escritor rico en recursos: “Kimonos en la tierra roja”.

En el recorrido por la lectura de este cuento se deja apreciar como Rodolfo Walsh puede concentrar su oficio de periodista con su pasión por la narración y la literatura.

Paso a paso va describiendo, descubriendo y entrando en la vida de unos japoneses que llegaron con la ilusión de una vida mejor, a la tierra misionera.
Entrevista y se hace partícipe de la situación, invitando al lector a involucrarse también en la denuncia de estos maltratos “morales” que se ve en las palabras de los personajes de ese cuento tan real, por rozar con la realidad misma. Donde el propio Walsh toma posición sobre la problemática que aborda. Va recorriendo desde los casos puntuales, individuales al escenario general en que viven esos hombres que sufren el desarraigo y la desilusión de una promesa no cumplida. Da datos, nombres, índices, para que la denuncia tenga más peso. Y lo que lo hace más grande: la publicación.

Esta realidad también se refleja en “Ciudades Fantasmas”, aquí muestra pequeños pueblos que una vez desaparecidas las fábricas:
“Hacía diez años que el hombre faltaba del pueblo y sabía que la fábrica se hallaba cerrada. Pero no le importó demasiado, porque sus intereses estaban en otra parte y ya no era peón ni capataz. Así que visitó a sus amigos y arregló sus asuntos sin pasar por la fábrica, hasta que una tarde sus pasos lo llevaron, cruzó distraído un puente, atravesó el portón y dice que el silencio lo hizo despertar. Hacía tiempo que el hombre no lloraba.”
Walsh se transforma en cronista d lo que queda, pueblos fantasmas. Donde junto con el progreso también se va la gente. Ya ni el tren pasa.

“[…] la fantasía inventiva del propio Quiroga es su rasgo más típicamen­te misionero.”
Walsh trata de reconstruir los pasos de otro gran oyente como él: Horacio Quiroga. Se traslada hasta San Ignacio para ver cómo se lo recuerda. Se sorprende por que ya no hay rastros de él, ni de su historia, sólo de su obra.
“Era un hombre ejemplar, trabajador. Una gloria de la literatura. Lo consideramos un poco nuestro…” Tal vez esto resuma lo que pasó con su figura, se diluyó en lo cotidiano, se hizo un elemento más del paisaje que tan bien supo mostrar.

lunes, 12 de mayo de 2008

Crónicas... llegar o no llegar: esa es la cuestión

Me encuentro en proceso de escritura. El humo, Walsh, Carmelo (no caramelo), leer, leer, leer!!
Leo el texto de María del Mar, y me siento acoompañada. O por lo menos, no me siento sola...
¿Llegaré?

Notas de lector. Carlo Guinzburg, "Señales. Raíces de un paradigma indiciario"

Notas de lector. Carlo Guinzburg, “Señales. Raíces de un paradigma indiciario”


Parte de la contraposición “racionalismo” e “irracionalismo”. Recorre la historia que unió a Freud –con el análisis de sus pacientes–, Morelli –cuando la pintura le habla del pintor, de su estilo de pintar–, y Holmes –quien investiga a través de paradigmas indiciarios–, y concluye en que sí había un denominador común entre éstos: “la disciplina que permite diagnosticar las enfermedades inaccesibles a la observación directa sobre la base de síntomas superficiales, a veces irrelevantes a los ojos del profano...”. Guinzburg no considera esto un accidente temporal, una mera coincidencia, sino que hacia finales del siglo XIX se empieza a dogmatizar un paradigma indiciario basado en la sintomatología.

Hace un poco más de historia, milenaria, y se detiene en el hombre cazador. Cómo observa el terreno, los indicios que descubre en la naturaleza, lo que una hoja húmeda puede decir, lo que una pisada no puede ocultar, “`descifrar` o `leer` los rastros de los animales son metáforas”. Y lo compara con la historia documentada (3000 años aC.), por ejemplo: los soberanos debían comunicarse con sus súbditos por medios escritos.

Analizar, comparar, transmitir, documentar, clasificar. En ambos casos es idéntico, no así en la historia, compara dos realidades socialmente diferentes. Y esboza una primera conclusión: “... contraponer dos seudociencias como la adivinación y la fisiognómica a dos ciencias como el derecho y la medicina...”. Él encuentra aquí, claramente, señales del paradigma indiciario o adivinatorio dirigidos a cualquier momento, temporalmente hablando: pasado, presente, futuro. Cómo distintas disciplinas, históricamente, se han preocupado por descifrar, para llegar a lo que hoy todavía somos: polis.

El autor sigue, cronológicamente, analizando lo indicial, y amplía el espectro en lo que a textos se refiere: la filología, ésta nace después de la escritura, obviamente, y se consolida después de la imprenta: “Primeramente fueron considerados como no pertinentes al texto todos los elementos ligados a la oralidad y a la gestualidad; después, también los elementos ligados al carácter físico de la escritura”.

Estima necesario apelar a la diferenciación entre naturaleza y cultura al momento de poder definir, delinear, más concretamente esto de “paradigma indiciario”, de Morelli a Mancini, de la pintura a la escritura. Hasta las necesidades sociales. El nombre, la firma. Luego, los registros policiales, las “fichas personales”, para llegar a las huellas digitales. Aquí, los paradigmas indiciales desarrollados son los que ayudan a la elaboración de formas de control social “cada vez más sutiles”.

Contrapone este modelo con el de Galileo. En éste no hay movimiento, no hay un “objeto” que buscar. En aquél hay que buscar el objeto, que está en continuo movimiento.

“La representación de las vestiduras flotantes en los pintores florentinos del siglo XV, los neologismos de Rabelais, la curación de los enfermos de escrófula por parte de los reyes de Francia y de Inglaterra, son sólo algunos de los ejemplos acerca de la manera en que indicios mínimos han sido considerados, una y otra vez, como elementos reveladores de fenómenos más generales: la visón del mundo de una clase social, o bien de un escritor o de una sociedad entera”.

El saber indiciario requiere de olfato, golpe de vista, intuición. Aquí no hay reglas formalizadas. “Nadie aprende el oficio de conocedor”.

Diario de escritora. Parte I

12/03
Armo mi segundo blog. El primero lo hice por hobbie, para que mis amigos lean lo que escribo. El segundo para la materia Taller de escritura.

Les presento a “Tallereando”. Espacio destinado a escribir, escribir y escribir. Reflexionar, compartir.

¿Qué será?


14/03

Primer post en el blog. Colgué los tres primero trabajos. Le agregué color, una foto y los links de los blogs de mis compañeros.


24/03

Estuvimos pensando en la entrevista con mis compañeros de grupo. Eduardo, Leo y yo elegimos el grupo “La Grieta”, un espacio en principio callejero para llevar arte de acá para allá.
Los tres investigamos sobre La Grieta. Quiénes la componen, para qué. Revisamos páginas en Internet, el sitio de La grieta, nos metemos en los talleres para elegir sobre cuál investigar.
Leo y yo seleccionamos los “Intervención y comunicación visual callejera”.


03/04

Fracaso!

Por un lado veo que mis compañeros están avanzados en sus blogs y en sus entrevistas. Por el otro los chicos que nos iban a dar las entrevistas se esfumaron, se borraron, se los tragó la tierra. No respondieron más mails, no contestaron llamados.
Me reúno con Leo, para ver qué hacemos. Leo es, también, estudiante de música. Piensa en que cambiemos de rumbo y veamos de hacer algo con gente que seguro iba poder atendernos.
Me contacto con tres profesores, recomendados por Leo. Él se queda con otros.

Horas más tarde envío tres mails.

El primero en responder es Carmelo Saitta. Me dice que el lunes va a estar en la Universidad todo el día. Que me fije qué horario me queda cómodo para reunirnos ahí.

Entré en pánico. Llamo a Leo, en carácter de urgente. (¿¿¿¿Qué mierda le pregunto????)


07/04

Fragmento de la entrevista:


Me encuentro un poco perdida, porque tuve que cambiar el curso de mi investigación sobre la marcha. Pero no me detendré en lo que no fue. Y porque es lunes, y en general es un día en que la gente se pierde.

Estoy en mi oficina, me preparo un mate y agarro el cuadernillo, cual periodista. Escribo las posibles preguntas, las que armo con un curriculum vitae de mi entrevistado y con cuestiones que yo quiero que me responda para poder hacer mi trabajo.

Carmelo debe estar esperando. Me acerco hacia el aula donde él da clases todo el día, y se iba a hacer un espacio para atenderme.

Efectivamente ahí está. Fumando. Afuera del aula. Lo miro de lejos, me acerco, me presento, y él con un gesto de abuelo cariñoso me invita a pasar.

No es un aula cualquiera. No es un aula de esas que conozco de la Universidad de Quilmes. Es un aula más “tecnológica”, un aula con “máquinas” de ésas que hay en los recitales, intuyo, a sabiendas de que estoy con un músico. En otro contexto esas máquinas bien podrían estar en un quirófano, o crear bombas nucleares.

Me pide que me siente, y recién ahí toma asiento él. Un caballero.

“Contame, Ana”, me dice con su voz, con su mirada, con sus manos.

Tiene la mirada tibia, el pelo blanco, y modales que invitan. Modales que te hace sentir “como de la familia”. Podría decir que es un tipo piola. Uno de esas personas con las que te querés quedar a pasar la tarde.

Tengo en claro que debemos hablar del arte, de la transformación. Tengo en claro él es un artista. Pero estoy en un punto en el que no sé lo que me deparará la charla (perdón, el destino).


09/04

Hombre de palabra

Carmelo me envió un mail con tres artículos de su autoría. Decido tenerlos a mano para mi trabajo de investigación. Porque ya con la entrevista tengo bastante para la primera entrega y debo tener material para desarrollar en el trabajo siguiente.

Reflexión entrevista



Una primera respuesta podría ser, un espacio que comparten al menos dos personas. Que manejen un mínimo común denominador.
Por lo que leí existen entrevistas de información, entrevistas biográficas, algunas publicitarias. Creo que, a diferencia de una nota de información, la entrevista busca contar más de la persona en cuestión. De su historia. De lo que lo rodea.

Arfuch, me dirá que en verdad existen tres participantes, el entrevistador, el entrevistado y el lector. Y, tal como sospechaba, que se busca “el lugar común” del entrevistado. Dice: “la `buena` entrevista logra más que cualquier otra práctica que refiera sentidos: no los re-presenta sino que los presenta”.

Ulibarri, habla de la importancia que puede tener una noticia, si es bien abarcada, y cómo se marca la diferencia con el aporte de las voces. “Sin desarrollar la habilidad investigativa el periodismo difícilmente pasará de la noticia simple, del artículo hueco o del editorial anémico.”

Sabrina Paramidani, dice: “… el periodista humaniza al escritor”. Y, en este caso, yo creo que saca a luz la parte humana del entrevistado. Llega a lugares que sólo mediante preguntas, cara a cara, pueden salir.

Cuando en la entrevista a Jorge Luis Borges, Ronald Christ, le pregunta “¿Le gustaría hablar de eso?” o “Le gustan mucho las bromas, ¿verdad?”, ahí el escritor es persona, el entrevistado es persona, y deja de lado su profesionalismo para transformarse en uno más.

Muchas veces me encontré con entrevistas donde el rol del entrevistado se mezcla con el del entrevistador. Por ejemplo, cuando el primero pregunta, haciendo partícipe de la reflexión al entrevistador. Un ejemplo que tengo a mano es del de Borges, cuando Christ le pregunta; “¿Carente de sentido?, y Borges contesta: “¿Usted no lo cree?”

viernes, 14 de marzo de 2008

Nosotras que nos queremos tanto. Una experiencia de lectura

El verano de 2006 llegué a Viedma y fui a la librería. Dos aclaraciones, esas vacaciones venían tranquilas, sin planes de viajes, con lo cual iba a tener mucho tiempo disponible para leer. Y la librería de Viedma (sí, hay sólo una) es pequeña, acotada y por lo general los libros que están ya los leí o no me interesan. Pero esa visita en particular, tuvo para mi sorpresa muchos libros que quería leer. Había novelas y ensayos de acá y de allá que llamaban mi atención. Terminé comprando tres: Nosotras que nos queremos tanto, de Marcela Serrano, Los siete pecados capitales, de Fernando Savater, y El día que Niesztche lloró, de Irvin Yalóm.
Empecé por la de Serrano. Empecé y terminé, casi al mismo tiempo. Porque la novela me atrapó, cosa que no ocurre siempre y cuando ocurre es genial.
Me atrapó porque se trata de cuatro amigas que deciden hacer un viaje de placer y descanso juntas, después de muchos años, muchos años de amistad, muchos años de la vida de cada una. Cada una con una vida más o menos constituida. Con hijos, maridos, separaciones. Secretos, intimidades. Y todo va saliendo solo, desarrollándose con una naturalidad que lo hace real, que de verdad parece haber existido. Las cosas que les sucedieron a las protagonistas podrían pasarnos a cualquier mujer.

Y lo que hizo más rica a esta experiencia, además de haber descubierto que Marcela Serrano me gusta mucho, es que el libro comenzó un recorrido impensado. Se lo pasé a mi mamá, mi mamá a mi hermana mayor, ella a mi amiga Laura, Laura a su mamá, su mamá a otra de sus hijas, ella a una amiga… Hace unos meses volvió a mis manos. No sé ni cómo, y el recorrido empezó por mis amigas de acá, se lo pasé a Vero, Vero a Marina, Marina a Paula, Paula a Vanesa. Ya perdí la cuenta de cuánta gente leyó el mismo ejemplar del mismo libro. Y para un poquito más de color, Nosotras que nos queremos tanto reafirmó un sentimiento en común, el placer de la lectura.

Composición tema: la vaca. Una experiencia de escritura

El año pasado hice un taller de escritura, de texto breve, con Sandra Russo. Para mí fue una experiencia hermosa. Y eso es tan importante como esta anécdota que te voy a contar.
Tenía que escribir sobre una consigna clara: “el puente”. El puente punto.
El taller era semanal, así que contaba con una semana en mi haber.
Siendo que soy de Viedma, Río Negro, pensé en escribir sobre alguno de los dos puentes que une a Viedma con Carmen de Patagones (provincia de Buenos Aires), sobre el puente Viejo, por ejemplo, pero qué. Entonces pensé en escribir sobre un puente un poco más abstracto, algo así como la relación entre un padre y una hija, entre una madre y una hija. Y de nuevo: pero ¿qué?
El miércoles de esa semana, tenía un trámite para hacer en capital. Me acuerdo que llovía mucho, muchísimo. Y, una vez terminado el trámite me encontraría con mi amiga Paula en Corrientes y Maipú.
Llegué. Paula no estaba, Paula siempre llega tarde. Llegué, me paré pegada a la pared de un bar, que no era pared sino vidrio. Puse la mochila delante de mí, y me prendí un cigarro. La vereda estaba llena de gente, llena de gente que pasaba, caminaba, se empujaba, todos parecían muy aburados. Y Paula, no llegaba.
Encendí el segundo cigarrillo. Empecé a transpirar por lo denso que estaba el aire. Transpirada, cansada, mojada, sin paraguas, y sofocada por tanta gente que, a esta altura, parecía que caminaba por encima mío, traté de pensar en otra cosa, de no enroscarme con todo esto que me envolvía y molestaba. ¡Se me desprendió el broche del corpiño! ¿¡Algo más!? Sí, se desprendió y yo sin un poco de lugar para maniobrar. Creo que se me debe haber caído una lágrima de bronca, pero no sé si habrá sido así realmente.
Pensé en por qué las mujeres usamos corpiños, y pensé en las mujeres que no tenemos una cantidad considerable. La respuesta apareció enseguida con ruido a la ficha cuando cae: “bueno usamos para que no se caigan, para levantar, para que parezcan redonditas, grandecitas, linditas”. ¡Y la mierda!
Y así, entre preguntas y respuestas, entre lluvia y bronca, entre humedad y cigarrillos, vino a mi mente una historia del puente. Una historia con historia, con corpiño, con el puente Viejo, con un poco de sonido sureño y otro poco de nostalgia por ese lugar familiar lejano y extrañado.

Llegué a casa y me puse a escribir con urgencia. Con urgencia y entusiasmo.
El sábado siguiente lo entregué. Y el próximo mi profesora me pidió que lo compartamos. Lo leyó ella. Mis compañeros me felicitaron, y mi alma sonrió.

Esta es sólo una de las anécdotas que me dejó el taller, que en verdad fue la experiencia. Espero que sirva de igual forma. Y si es necesario acotar lo que ya perece traslucir, lo escribo claramente, me encanta escribir.

Les presento a Mercedes Reynoso



Mercedes, nombre de origen latino que significa: libertadora. Las características de la personalidad de las personas que llevan este nombre son: muy observadora, ambiciosa de aprender cosas nuevas, buena amiga, sincera y confiable. Nuestra Mercedes tiene una santa con quien comparte el nombre: Nuestra Señora de la Merced; y una reina: Mercedes de Orleans (España).

Supongo que iremos descubriendo cuánto tiene de reina, cuánto de santa, así como cuánto de observadora o sincera.

Por el momento sabemos concretamente que Mercedes es de Quilmes, tiene 36 años y miles de bucles. Es suave y pausada al hablar. Tiene un gesto en la cara que parece que te escucha con todos sus sentidos. Un gesto que invita a preguntar. Ella piensa, piensa y después contesta.
Trabaja en un call center, para una compañía española. Es algo así como asistencia telefónica para clientes de una empresa de celulares. Como cuando acá llamamos al *Personal o *Movistar y nos atiende un cordobés. Bueno, a los españoles los atiende una argentina, es este caso: Mercedes. Esta distancia entre el cliente y ella provoca anécdotas continuamente. El lunes, por ejemplo, llamó un cliente “re caliente”, dice Mercedes, y en le medio de la conversación le dijo: “recién llamé y me atendió una muchacha de acento latino como tú”. Mercedes cuenta esto y ríe, o sonríe, un poco tímida.
Ella estudia Comunicación Social, porque le interesa la producción radial. Experiencia que pudo hacerla propia hasta hace dos años en una radio comunitaria. Le gusta mucho el periodismo y por esto llegó a la licenciatura que está terminando este cuatrimestre, con esta materia.
En lo que respecta a lectura es un hábito que no adquirió pero confiesa disfrutar de leer novelas del “Gabo” García Márquez, y de haber deleitado la Santa Evita de Tomás Eloy Martínez por lo menos dos veces.
Le gusta escuchar música variada y en cantidad pero no existe el cantante o grupo que le apasione. Como sí sucede en el cine con Como agua para chocolate, siendo ésta su película preferida (de ésas que uno puede ver o volver a ver muchas veces).


Tiene inquietud en lo que al teatro se refiere, y aquí encontramos algo de lo que nos adelantó el significado de su nombre cuando nos dice que es ambiciosa de conocimientos. Le intriga la puesta en escena, saber cómo es tras bambalinas.
A Mercedes le gusta cantar. No, me quedé corta, le apasiona cantar. Estudió canto durante varios años y participó en algunos coros. Uno la ve, por lo menos a mí me pasó después de enterarme de este dato, y se imagina a una de esas bluseras negras de Estados Unidos, que sin mover un músculo de la cara te erizan la piel con su voz.
Y le gusta estar informada. No es de las que hojea todos los diarios todos los días. Ella con Clarín está bien. Y con la Viva de los domingos tiene entretenimiento por un rato.